martes, 30 de abril de 2013

Comerte. José Manuel Vara






Comerte,
bajo el fuego abrasador de la Cordura.

Comerte,
entre los pliegues insondables del trauma.

Comerte,
en habitación que desconoce nuestros nombres.

Comerte,
en la penumbra blasfema del Deseo
y devorarte a ras de corazón hueco.

Comerte con la pasión nihilista del esquizofrénico
y con el arrebato de fiereza detallista
que lama cada centímetro de tu piel desde dentro;
Sudor en la epidermis del combate cuerpo contra cuerpo
donde cada poro es un agujero negro
de infinitos universos por descubrir;

Comerte,
en el jodido epicentro de tu sexo.

Devorarte,
en la depresión volcánica de tus nalgas,
más allá del precipicio del Deseo,
devorarte en las lindes
de tu enjambre de neuronas infierno,
donde los labios arden a lo bonzo
tras la huella sonora de millones de jadeos
desacompasados,
como batir de las de luciérnagas
en un decorado de sombras chinescas.

Comerte,
con la voracidad criminal del apasionado
y con la tiniebla metódica de lo insaciable,
más allá del tápiz mágico de los sueños
donde los pliegues torturados de tu cuerpo
devoraron
todos y cada uno de mis miedos.


de Diosas de Burdeles de Almas


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