domingo, 10 de noviembre de 2013

La tentación. Abel Santos


 Te bajé la falda y vi entero París.
Andrés Suárez









Te bajé la falda y vi entero París, como dice la canción,

y encontré a La Maga en un autobús desangelado,
y me olvidé de llevarle flores a Jim Morrison,
y se hicieron carne los nocturnos de Chopin,
y profundicé en la poesía de Pedro Salinas que vivió
toda su vida de casado amando en secreto a otra mujer,
y me reí de Picasso y de todas sus amantes,
y Mimi ya no me parecía esa mezcla de inocencia y madurez
                                                                        sexual
en Lunas de Hiel, de Roman Polanski,
y sentí por ti un amor más grande que el de Scott Fitzgerald
tenía para ese aire jazzeado de su preciosa Zelda,
y ya no quise ser Bartleby o Rimbaud, y cancelé con estos versos
todos mis viajes al desierto de la literatura,
porque comprendí a Hemingway cuando lanzó la pregunta
de si había amado tanto a una mujer
como para ver a la muerte frente a mí
mientras le hago el amor.

Te bajé la falda y vi entero París, lo recuerdo muy bien,

y bajar tus medias y besar tus muslos
era lo mismo que el aroma tratado con la calefacción
que ahora sale del interior de las perfumerías y creperías
en mis fríos y muertos paseos invernales.

Y aquí me detengo, a tantas vidas ya
de entrar en tu vida. Pero no deseando nada más,
nada más que no sea dejar abierto

este poema.









Blog del autor: Demasiado joven para el blues
www.abelsantospoesia.blogspot.com

lunes, 4 de noviembre de 2013

EBCPE. Jorge García Torrego






Defina “erotismo”. 

Laberinto sugerente


Relacione estas dos palabras: “sexo” y “soledad”.  

Masturbación. 


Veo en “Erosionados” un punto común entre diferentes autores y poemas: la presencia del silencio y de la oscuridad. ¿A usted qué le parece? 

El sexo es eclipse muchas veces. 


En “Erosionados” hay 25 autoras y 23 autores. ¿Cree que importa el género en la literatura (y en general)? 

Es un punto de vista, pero que no determina, solo da una perspectiva. 


Este libro surge del deseo de la editorial Origami de publicar una antología de poesía erótica. Origami es una pequeña editorial independiente que, en sus dos años de vida, se ha especializado en la poesía y ya cuenta con un importante plantel de autores. ¿Qué supone para usted publicar en esta editorial? 

Estoy agradecido a Origami y a Adriana por haber confiado en mi poesía. Espero que podamos colaborar más veces. 


¿Qué tal está la poesía? ¿Cómo le trata la vida? 

Bien, he aprendido a comer poemas para sobrevivir. No hay trabajo pero hay poesía. 


¿Se siente a gusto en la ciudad donde vive? 

Depende del asiento. 


¿Le gusta la estética vintage para hablar de sexo? ¿por qué? 

El sexo entre abuelos no me interesa, aunque reconozco que es algo admirable. 


La importancia de que nos reciten. Presentaciones de libros, lecturas en bares, slam poetry, prostibulo poético. ¿Qué opina? 

Por un lado está bien sacar los poemas fuera, hacerlos públicos para saber si se puede rescatar algo. Por otro, uf, qué pereza, ¿no? Hoy en día, hacerte ver, aparecer física y digitalmente cansa mucho. Yo he terminado yendo a Saber y ganar solo para hacerme ver. El Gobierno debería pagarnos una pensión o algo. 


¿Mecanografiado o a mano? 

¿De qué estamos hablando? 


¿Por qué accedió a participar en esta antología? 

Para hacerme rico


¿Cuál es su color favorito? 

El color carne


¿Por qué la habitación de un hotel? 

Porque es aséptica, inhumana. 


¿Cree que las pecas son coordenadas de un Dios bromista? (Pregunta propuesta por Óscar Sipán)

No lo sé, pero es muy bonito. Hay que unir  los puntos para obtener un amante. 


¿Mar o montaña? Razone su respuesta. 

Montaña, hay menos turistas



miércoles, 30 de octubre de 2013

Oda a la espuma. Miguel Pousa


James-Wallace Pondelicek - The bather nude


Seductora espuma
agua enmarañada
brillante burbuja,
otros no te ven
como yo te veo,
hay que estar dispuesto
a sacarse los ojos
hay que llorar hasta hartarse
para alcanzar tu milagro
de palabra dulce,
de mano pequeña,
de cabello enredado,
otra vez hacerte polvo
y apoyarme en ti,
tu ámbito que crece
construido
soplando por mi boca
y se dobla infinitamente,
atrapando hasta el tiempo
hirviendo el sol en tus raíces
y explotando

No me oyes pidiendo
sangre a gritos
y en tu circunferencia
de cristal despedazado
esperas desnuda
chupándote la sal

Derrumbándote
solo así puedes ser

¿Podemos vestirte de novia
ungida por el mar?

¿O construirte una casa?

¿Podemos llevarte a hombros?

O te escapas corriendo
a esconderte,
a hacerte bruma,
a mirarte en el espejo,
a trabajar picando piedra
encadenada,
a ser espesa selva virgen,
o contenido de fragancias
alcohólicas,
contenido de miradas
a través de los vidrios
no alcanzo sino a resumirte
sigues misteriosa
espuma, ¡espuma!
crepúsculo de lenguas desatadas



martes, 29 de octubre de 2013

Vecinos extranjeros. Germán Piqueras



The bedroom used by Little Edie after her mother died.
A single light bulb hangs in a bird cage above the bed.



Esta prisión de escuchar
cómo dos, que quieren ser uno,
hacen y deshacen el amor
a su manera, sin bromear.
Ese no pensar en el ataúd
en el que estoy yo,
inyectándome las agujas del reloj,
para que el tiempo se quede
dentro de mí y pueda domarlo,
hacer perpetua la musicalidad
del placer ajeno.
Este silencio impaciente
que viene cuando el mundo se ha acabado.
Esos alaridos que superan todo
lo que la filosofía ha intentado explicar
a lo largo de su historia muerta.



lunes, 28 de octubre de 2013

EBCPE. Julio César Álvarez





¿Sigue siendo -o ha sido alguna vez- revolucionario escribir sobre sexo?

Lo ha sido y sigue siéndolo. Probablemente lo será siempre. Si en el mundo hubiera buen sexo y erotismo de cierta calidad, nadie se plantearía una guerra en Siria. El mundo va mal porque hay poco sexo. Esto lo dijo Freud a su manera (luego lo continuó Wilhelm Reich) y aquí parece no haberse enterado nadie. El sexo es muy revolucionario, pero si sólo queda reducido al sábado por la noche, ocurre más bien al contrario. Se convierte en algo reaccionario. Escribir sobre ello es recordar una posible solución. 


¿Qué tal está la poesía? ¿Cómo le trata la vida?

La poesía está bien. Y estará bien eternamente. Los agoreros de la muerte de la poesía -cada cierto tiempo surge alguno- todavía no se han dado cuenta de que la poesía es un rasgo humano, una forma total de existencia, y por tanto nos sobrevivirá y pasará por encima como una de esas máquinas con rodillo que alisan las autopistas. La poesía es una buena compañera, una gran amante. Da mucho y pide poco. 

La vida me trata bien. Me da poco y pide mucho. Es interesante.


Hay barras de bar y minibares en este poemario. ¿Es importante el alcohol para seducir? ¿Por qué flirteamos en los bares?

Dicen los argentinos que los españoles no vamos al psicoanalista porque nos pasamos el día en los bares. Puede ser. Luego está la represión y el miedo, todo eso lo deja a un lado el alcohol. Nos han dicho desde niños tantas veces que el sexo es malo, que nos lo hemos creído. Y la mayoría necesita alcohol para decir lo que siente, actuar cómo le apetece, etc. El alcohol es ese justificante perfecto en muchas personas para ser ellos mismos. El bar es el único lugar acotado socialmente para beber y flirtear. Hacerlo en cualquier otro sitio resulta sospechoso. Somos más conservadores de lo que nos gusta pensar.


Hay música en “Erosionados”. ¿Le acompaña cuando escribe? ¿Qué sonaba cuando escribió los poemas que aparecen en esta antología?

La única música creíble para tener sexo es algo tipo Gainsbourg. El francés es un pueblo que ha tenido más sexo que el resto, y eso se nota. Para escribir en cambio valen muchas cosas. Prácticamente todo. Mientras no sea con letras en castellano, claro, que confunde y mata el estilo. Para escribir he estado escuchando Alan Vega, The Fall o Television Personalities. Algo, en principio, bastante antierótico.


¿Por qué la habitación de un hotel?

Un hotel es un lugar extraño. Uno de esos espacios donde aparantemente no ocurre nada y sucede todo. Es el lugar perfecto para cometer un crimen, hacer un interrogatorio o tener el mejor sexo de tu vida. De hecho, cuando uno entra con alguien en una habitación de hotel se ve moralmente obligado a tener sexo. Es un código aceptado. Y para colmo, al día siguiente te hacen la cama y vuelven a colocarte en el baño nuevos frascos de champú y gel. Además, tiene esos cartelitos que ponen NO MOLESTAR para colocar en el pomo de la puerta y que curiosamente todo el mundo respeta. El paraíso debe ser vivir siempre en un hotel.


¿Qué se pone para escribir?

Me gustaría decir que algo sexy, pero no sería verdad. Cuando uno escribe se pone algo muy cómodo. No tiene mucho sentido ir de chaqueta-pantalón o con una corbata al cuello. La escritura fluye cuando uno se siente relajado.


sábado, 26 de octubre de 2013

Transversa. Ericka Volkova





Le sentí explayándose dentro mientras lentamente le introducía. Despacio, dejando que la vagina le lubricare para continuar penetrándome en ese interminable ahogo que a mi boca enmudecía en un susurrante y sordo quejido, abrazándole con los músculos de la vulva en el redondel de su adusta y firme carnosidad, con mis muslos alzados para rodear sus caderas y entrelazar los tobillos a su acuñada cintura, sin dispuesta estar a que, falta del ímpetu necesario, profanare acaso la decisiva precariedad de una falsa huida. Sus firmes e ingrávidos senos denostaban la obvia prematura de nuestra edad. La inexperiencia de ambas aunaba con la premura de un juego sexual que había soslayado las pocas caricias previas que entre ambas intercambiaremos, apresurándonos entre los besos para desvestidnos de los caprichos que ahora sobre el piso de la habitación desparramados yacían y que a nuestros cuerpos de la impunidad habían cubierto, ocultando la desigualdad de unos ojos cegados, negándonos a observar lo que negado por la prohibición el tabú nos prohibiere. Disformes, amoldamos los cuerpos a ese amorfo anudado, jadeantes la una y la otra, ensordeciendo la cúspide del silencio que nos rodeare, cubriéndonos del atardecer que sobre nuestra sudorosa piel agotare la fatiga de las pelvis que, en movimientos constantes y continuos, a nuestros dispares sexos satisficieren. Y ella, de su genética transversa, de mí hizo que en su cuerpo la belleza yo admirare.

jueves, 24 de octubre de 2013

Alicia y el “lobo”. Patricia Olivera





Llegó puntual, como siempre, a esa cabaña apartada donde habían acordado tener sus encuentros.
Hizo todo lo que él le había enseñado que debía hacer. 
Quedó desnuda frente al espejo de cuerpo entero; los senos, que ahora estaban cubiertos por sus rubias trenzas, habían comenzado a verse más turgentes en su cuerpo ya púber. Del mismo modo, su cintura estaba más delineada. Jugueteaba con las trenzas mientras se miraba de costado, sus caderas se habían ensanchado, y eso le gustaba. Sonrió, le dio gracia verse desnuda, llevando sólo las medias a rayas y los zapatos de charol. 
Se echó las trenzas hacía atrás y se quedó seria, contemplándose. Se pasó la lengua por el labio inferior y sus manos comenzaron a acariciar cada tramo de su blanca piel, hasta llegar a su entre pierna, donde jugueteó con los rizos castaños, primero, y luego comenzó a masajearse el clítoris. Cerró los ojos y jadeó con fuerza. 
─Despacio ─le susurró una voz desde la penumbra de la habitación─. Sabes que me gusta ver que te lo hagas despacio. 
Ella se detuvo y miró en su dirección, hizo un mohín coqueto y se disculpó. 
Se acuclilló frente al espejo y abrió las piernas, apoyándose sobre una de sus manos; ver sus labios ya húmedos y el clítoris asomando bajo su vello púbico la excitó más. 
Con el dedo índice de la mano libre comenzó a delinear con lentitud los pliegues que ya se estaban inflamando. Volvió a mirar hacía la penumbra. 
─¿Así te gusta? ─preguntó, simulando voz aniñada. Sólo recibió un jadeo por respuesta─. Si soy buena, ¿me dejarás jugar con tus hijas? ─volvió a preguntar, moviendo las caderas y emitiendo un gemido cuando se introdujo dos dedos. 
─Ven aquí, Alicia ─le ordenó la voz, ahogada por el deseo. 
Ella se acercó a la penumbra. Una mano de hombre, con una gema roja brillando en uno de sus dedos, la tomó por la cintura y la sentó sobre él. Ella pegó un gritito y comenzó a moverse aferrada a su cuello, echando la cabeza hacia atrás mientras él abarcaba uno de sus senos con ambas manos y mordisqueaba el otro. 
─Si eres buena, no sólo te dejaré jugar con mis hijas ─le susurró entre jadeos─; escribiré un cuento para ti, tan maravilloso como ese hueco caliente que tienes entre las piernas. 
Alicia sonrió y sus jadeos se elevaron, nuevamente experimentaba uno de esos orgasmos que tanto la asombraban. 
─Alicia en el país de las Maravillas se llamará... ¿Te gusta el nombre? ─murmuró él, antes de lanzar un grito, en el momento exacto en que se derramaba dentro de ella.