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lunes, 2 de septiembre de 2013

Peep show. Mafalda Martínez aka Bluttie Kat

 de Pervertidos. Catálogo de parafilias ilustradas (Traspiés, 2012)


Mis gemidos eran la banda sonora de sus fantasías. Cada corrida era fruto de su dinero: estaba dispuesto a pagarme lo que fuera; y eso era algo que llevaba tatuado en cada uno de sus jadeos. 

Puse un condón a mi corazón, con las fibras de sus billetes de 50 euros, para protegerme de sus frustraciones. Mis servicios siempre tienen un precio. Y aquella noche no iba a ser menos. Así que me acerqué decidida a la ventanita que nos separaba, con esa cara de zorrita indiscreta que tanto endurece sus sentidos, y me bajé lentamente las braquitas, para que pudiese ver de cerca el pulpo azul y violeta que ornamenta mi pubis desde hace poco. Me pidió que me diese la vuelta, y, al hacerlo, azoté mis nalgas contundentemente. Insertó otra monedita, y tanteé mi clítoris, jugando con el piercing que lo aderezaba. 

De repente vi que tras el cristal me mostraba una notita en la que se podía leer en letras mayúsculas: “Se busca chapero que sepa masturbar el corazón”. 

Aquella petición lubricó mis sentimientos. Sin perder la compostura, apreté mis pezones, humedecí mis labios, y ronroneé al son de mis latidos: “Tendrás que abonar el importe aparte. No está incluido en el precio del privado hacer esa clase de prestaciones”.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Giselle. Mafalda Martínez

 
Vampyros Lesbos. Jess Franco, 1971



Te me pierdes
penetrándome con la vista
y la animalidad
de mis percepciones.

Te me dilatas
en el útero
de mis indiscreciones.

En la aridez del laberinto
de mi genitalidad:
y, tal vez, convulsione
de puro placer
y delirio
y sed de piel: de tus pechos,
y sus delicias en barra.

Realizaré en mi memoria,
sin más,
la filmografía
de ti,
y la sensualidad de tu anatomía;
y la coreografía
con que cada día me momificas
cada jornada añil roída
por mi parálisis ante tu cuerpo.

{La respiración se entrecorta,
los demás sentidos se deprivan}.

Esta hipnosis lunar y vampírica
en que las palabras se metarfosean
en fascinación;

en que el deseo
es una pequeña muerte
feroz,
precoz
y prematura.

En que me observas desde la lejanía
de tus movimientos:
tan fluida en tu premura;
y tan diluida en mis gramos de dopamina,
y mi proceso de zombificación
ante tu presencia.