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sábado, 8 de marzo de 2014

En la distancia. Ericka Volkova


1953. Paul Emille Becat Genuine Vintage Etching Art Print



No es esta la primera ocasión en que la distancia a nosotras nos separa. Creía, por ello, que estarlo a mí escasamente afectaría, mas las habitaciones de hotel monótonas se han convertido, aseverándose que estas paredes de color desprovistas en los falsos rincones vuestra sombras ocultan.

No es vuestra voz que por el auricular escucho quien la vehemencia sosiega; es la hambruna mía que por vos exige, demandándome en este apetito por la boca engullíos para saboreaos en esa piel dócil que entre los dedos a mis labios adoso. Y en estas noches faltas, sobre este abyecto tálamo tendida de vuestro nombre sus letras a mis muslos aferro, esperando fueren ellas quienes la humedad con su lengua la ambición de una elegía desequen.

De luz falta, las sombras con vuestra voz en mis senos frente a frente escucho… 

jueves, 6 de febrero de 2014

S. Kurskova. Ericka Volkova


Fuente: Retrospace



Embriagadme, imperativa le soy; de vuestros labios embriagadme, recorriendo con ellos la piel mía que a vuestro adusto contacto con estridente frenesí responde. Enmudecedme, acallad la boca mía que por vuestros pechos, en el silencio de esta obscuridad nuestra, sórdidos en el ahogo gritan. Entorpeced los brazos míos, al lecho con los vuestros crucificadles, dejándome de ellos inválida en el deseo de a vos con mis manos tañeos. Dejad que sea el deseo mío quien a vos sumisamente os acaricie, destiñendo la avaricia de carmesí tornada el tinte que en vuestro pelo del rocío os obscurece. Dejad sea la obscenidad quien los gemidos por nuestras lenguas en el aire las vocales y consonantes por nuestros muslos las oraciones escriban, dejad sean ellos quienes en vuestros dedos el matiz de la homogeneidad nuestra los contornos del abdomen borren. De este éxtasis drogadme, aspirándoos en el suplicio del orgasmo que en vuestra boca cercana de la exhalación en el aliento vuestro por mi olfato os escruta, exhalando en el mío el gemido por el sadomasoquismo ahogado. Dejadme, de vos en el lecho drogada y crucificada…

jueves, 2 de enero de 2014

Andrea Becquer (Epitafio). Ericka Volkova




Embriagad estos adentros que por vos reclaman, traspasadme efímera en el tormento, atravesad la vulva y penetrad profundo, hundid en el éxtasis la falacia que un falo provocare. Tomad mi entrañas, de ellas hartaos que estéril le soy; mis senos secos por vuestra boca los pezones reclaman, hinchados, de vuestros dientes adustos esperan, vehementes que a vuestra lengua árida la sed sacien; y mi cuerpo que falto al tacto vuestro marchita, acariciadle en encrespado crepúsculo, flagelándole del cuello a los pies.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cunnilingus. Ericka Volkova.




Dejad que con mis ojos os acaricie, que sean ellos quienes en esta osbcuridad vuestra línea desnuda recorran. Dejad que el ímpetu mío por el abdomen me carcoma, descendiendo por él las manos para en la humedad de la entrepierna los dedos anclar. Dejad que sea yo quien en impulsivos acotos de fetichismo os observe, que sea mi boca quien vuestros pezones añoren, que sea mi lengua quien la saciedad de vuestra vulva extrañe, que sean mis manos áridas quienes a vuestros muslos aferrar desearen, expurgando entre mis dedos vuestros frescos glúteos gustosos que en el gemido por ambas suspirado las delicias acallamos. Dejad que la inconciencia en vuestros senos fenezca, asesinándole con la firme voluptuosidad de los montes que vuestras aureolas coronan; dejadme de vos intoxicadme, que sea vuestro cuerpo el narcótico que por la nariz aspiro y de mí, lánguida en ésta silla con vuestro pelo a mis manos asido, profundo de vuestra lengua en la caricia gima.

Dejad que vuestro nombre de jergas extrañas en mi boca ahogue…

sábado, 26 de octubre de 2013

Transversa. Ericka Volkova





Le sentí explayándose dentro mientras lentamente le introducía. Despacio, dejando que la vagina le lubricare para continuar penetrándome en ese interminable ahogo que a mi boca enmudecía en un susurrante y sordo quejido, abrazándole con los músculos de la vulva en el redondel de su adusta y firme carnosidad, con mis muslos alzados para rodear sus caderas y entrelazar los tobillos a su acuñada cintura, sin dispuesta estar a que, falta del ímpetu necesario, profanare acaso la decisiva precariedad de una falsa huida. Sus firmes e ingrávidos senos denostaban la obvia prematura de nuestra edad. La inexperiencia de ambas aunaba con la premura de un juego sexual que había soslayado las pocas caricias previas que entre ambas intercambiaremos, apresurándonos entre los besos para desvestidnos de los caprichos que ahora sobre el piso de la habitación desparramados yacían y que a nuestros cuerpos de la impunidad habían cubierto, ocultando la desigualdad de unos ojos cegados, negándonos a observar lo que negado por la prohibición el tabú nos prohibiere. Disformes, amoldamos los cuerpos a ese amorfo anudado, jadeantes la una y la otra, ensordeciendo la cúspide del silencio que nos rodeare, cubriéndonos del atardecer que sobre nuestra sudorosa piel agotare la fatiga de las pelvis que, en movimientos constantes y continuos, a nuestros dispares sexos satisficieren. Y ella, de su genética transversa, de mí hizo que en su cuerpo la belleza yo admirare.

martes, 6 de agosto de 2013

Ese pequeño quejido (de “Nuestros cuerpos y tormentos”). Ericka Volkova




Ese pequeño y sordo quejido que expeléis como inconsciente consecuencia de la penetración certera y adusta es más que un apóstrofe simple, pues aun cuando éste por un pequeñísimo instante le emitís, evapora en el aliento la sensualidad de ese deseo acrecentado que os ha sido en el cuerpo cuidadosamente con las caricias entretejido, estremeciéndoos al contacto de los dedos deseosos que los pudores han explorado; que los recónditos recovecos han descubierto, deslizándose dentro de las coyunturas de unos senos ingrávidos de pezones enhestados o caminando cual paciente transeúnte por la espalda, escurriendo plácidos en el recorrido que la columna a los glúteos les lleva, adentrándose por la periferia de su circunferencia para en los muslos aferrarse y marcadles de un rojizo escaldo.

Cuando de la boca el quejido simple os es arrancado no es por la llana consecuencia sencilla de una dolencia producida, pues el grato suplicio del lascivo deseo con el lamento atrás ha quedado, y en esa intempestiva sagacidad que su pene os ofrece, os percatáis de su flexible rigidez cuando en la bragadura le sentís, adentrándose cálidamente palpitante, introduciéndose dócil al mandato de una pelvis que le induce distender los músculos de una vulva que, instigándole a su recorrido continuar, tenazmente le abraza por su cilíndrica curvatura mientras que en su adentrada travesía impedimento no encuentra. Deseosa os encontráis entonces del quejido en espasmódico gemido convertir, mas acalláis en la soltura del falo diestro que la cavidad abandona, deseándole en sordo clamor que el quejido nuevamente de los labios os sea extirpado, que por la vulva húmeda él nuevamente profundo se introduzca, y sin áspero sosiego, con ese pequeño quejido, le exhortáis os traspase una, y otra, y otra vez.

Escucháis entonces la voz propia y sentís los sonidos que el cuerpo os recorren, acariciándoos de su aliento que desde los hombros por la espalda a la cintura escurre para a las caderas asirse, y en el movimiento continuo descendéis las piernas para unidles, oprimiendo su pene para entorpecer su empuje, ajustándole a la conformidad de los muslos y vagina, retardando la inevitable viscosidad que, profunda, habrá quizás tarde de ser expelida.


Ese pequeño y sordo quejido, cuando de la boca os es arrancado, no es la llana consecuencia sencilla de tan sólo ser penetrada.




martes, 2 de julio de 2013

Profano silencio (de Nuestros cuerpos y tormentos). Ericka Volkova



Yaciendo en este asiento que la ventana lúgubre a la nada observa exacerbada entre las tinieblas os busco, esperando que mi desnudez vuestras caricias vistan, que vuestro aliento mi cuerpo recorra olfateándome de esta impúdica vigilia que hubiere pensado sanar a nosotras pudiere. Así no ha sido, he comprobado que la distancia entre mis dos amadas arranca de mí los pechos que llenos, la infertilidad de esta espera aduna la melancolía que por ambas los labios míos evocan, pronunciando las letras de los nombres vuestros, de una viva, y de la otra muerta.

Me maldigo y masturbo en este profano silencio que por el recuerdo de ambas no permite a mí la vigilia corromper, obscena siendo de estos dedos que entre mi sexo con ahínco froto, que con empeño con la lengua humedezco, arrancándome mezquina la pústula con esta boca falsa que mentir por ambas mas no puede, gritando en el olvido el gemido orgásmico que nadie escuchar logra, pues vosotras que de oídos sordas la distancia extrema ciegas a mi condición hacen, acallan en mí el deseo por el cuerpo vuestro.

Exhausta estoy, desesperada a las garras del inframundo a los cuervos me entrego, y sean ellos quienes los nombres graznen, eyaculando en la aguja su opiáceo flujo heroinómano, rompiéndome las venas con su falo al penetradme.

No soy ahora quien acalla, soy quien por vosotras ahora gime.

viernes, 7 de junio de 2013

No me importaría. Ericka Volkova




Deseaba penetradle, sentir que su pene, en cadencia de empellones, traspasare con dificultad la húmeda y tibia vulva que apretare su miembro mientras que los tobillos de sus piernas descansaren sobre sus hombros, sujetando los muslos de ella con sus manos, sintiendo la delicada suavidad de sus medias que se asían a las piernas que, en destellos de la poca luminosidad, se flexionaren al compás de su sordo quejido en acorde a la penetración.
Trigueña natural, casi rubia, le había conocido en años anteriores. En aquel entonces poca había sido la atención que le prestare, quizás por los escasos y esporádicos encuentros que en esos días habían mantenido al igual que su poco atractivo facial, pues aunque éste no fuere en realidad desagraciado, tampoco caería dentro de aquellos inusuales y atractivos rostros que, producto de los bellos trazos que se forjaren con los años, acentuaren las imperfecciones que hacen resaltar la belleza de un rostro que sin ser perfecto, atrae la mirada hacia la línea de una nariz, o el contorno de los labios que encarnados necesidad de un carmesí no existe. O fueren quizás esas imperfecciones que a los ojos asimétricos la beldad de un contorno al perfil facial otorga. En cualquier caso, hasta ahora no les había notado, lo que en cierta medida le extrañare, pues ahora mismo sus facciones le agradaban, fantaseando con el jugueteo de su pelo que, sin ser completamente rizado del todo, caía por detrás de su cuello en abultada cabellera que entre sus manos, por ocasiones varias, entre sus cabellos sus dedos hubiere hundido, acariciándole mientras intentaba desenredadle.
No había comprendido y desconocía si ella le comprendiese; pareciere que su atracción fuere mutua en esos pequeños detalles cuando sus manos se escurrieren por el contorno de sus hombros, resbalando lánguidas por sus antebrazos hasta alcanzar las manos de ella, mismas que aferraba por instantes para dejadles libres y proseguir cual gotillas de agua que apenas la cintura y sus caderas tocaren para secarse en los muslos que invariablemente por las medias eran maquillados. Sus roces de piel continuos que él se afanare por accidente se produjeren no eran por ella rechazados en forma alguna y quizás ella misma buscare el propiciadles, más convencido de ello no le estaba, algunos pequeños detalles el dudadle le hacían mientras que otros tantos lo contrario le mostraren: “No me importaría que me vieras desnuda, total, ya me conoces” le había mencionado un día mientras charlaban.
Solían interactuar físicamente más allá de lo que la amistad simple pudiere permitidles, sin cruzar nunca el umbral que los amantes hubieren traspasado, pues ambos mantenían una relación activa con sus respectivas parejas sentimentales que, quizás, les impidiere el mostrarse abiertamente dispuestos y atraídos, mas ello había hecho que la relación que conservaban se distinguiese de cualquier otra, manteniéndose en el equilibrio de ese umbral que ninguno de los dos se atrevía a cruzar, al igual que ninguno de los dos dispuesto estaba en abandonar, pues la comodidad que ello les daba representaba en ambos la seguridad de no ser infiel, al igual que la confianza de proseguir con su interacción física y sentimental sin pedir u otorgar explicación alguna, misma que ninguno en ocasión alguna hubiere exigido o rechazado.
No me importaría que me vieras desnuda”, esa simple y pequeña frase se le había incrustado en su mente, y en cada ocasión que a ella recordare, invariablemente a la memoria sus palabras francas y de descuidada sencillez le volvía a escuchar, recordándole sentada mientras frente a él les pronunciare, con sus piernas cruzadas y su falda a los muslos ceñida. En pocas ocasiones le había visto vestir de pantalón, generalmente utilizaba faldas cortas por arriba de la rodilla y blusa de botonadura al frente, la cual dejaba desabotonada en los más cercanos al cuello para dejar entrever un poco del nacimiento de sus redondeados y pequeños senos. A él le agradaban; el que fueren de mayor tamaño desproporcionado a su cuerpo hubieren sido, pues sin ser una mujer de estatura media tampoco corta le era. Delgada y de infanta cintura el vientre plano con sus adustos glúteos rivalizaba, descendiendo su línea curva y gruesa en un par de muslos bien definidos sin ser musculosos, y los cuales en ocasiones varias nuevamente admirare mientras ella en al auto condujere, subiéndosele la falda al instalarse en el asiento y posar sus pies en los pedales del automóvil, observándole de reojo mientras que él, sin hipocresía, posare la vista sobre su figura, a lo que ella respondía con algunos movimientos de sus piernas para que su falda subiere aún más y dejar que él percibiere lo que oculto debiese permanecer. En algunas ocasiones, mientras ella conducía él solía juguetear con sus muslos, produciéndole cosquilleos con las puntas de sus dedos a lo que ella nuevamente respondía cerrándoles para soltar una risilla espontánea al tiempo que en infantil mirada a sus juegos no rechazare:
- Me debéis esa foto vuestra en bikini –solía comentadle
- Sí, te la debo, no me la he tomado aún. Cuando lo haga, te prometo que te la doy –respondía segura de que algún día lo haría.
Inexperta en la sexualidad, insegura de sus atractivos y ansiosa de aprendizaje fuere ella quien del argumento charla cotidiana hiciere, y él había olvidado cuál y cómo la primera sobre el tema hubiere surgido, adoptando su silogismo diario, alentándole a exploradle y profundizando de manera abierta sin tapujo que entre ambos sobrare, descorriendo velos que en su concepción en tabú por su educación pudiere haber adquirido, y los cuales en evidente arrojo de una ansiedad que a su cuerpo y deseo inundaban deseaba le fueren de su visión por alguien más ser apartados, sin atreverse a ser ella misma quien les quitare, otorgándose el pretexto perfecto de no haber sido ella quien quebrantare sus inexistentes convicciones, las cuales mucho deseaba el goce de lo prohibido experimentar, satisfaciéndose de ello en el brío de un gimoteo que finalmente a su ansiedad estallare. No podría haber deseado mujer sentirse, pues su fémino sentimiento en su ser todo se regodeaba; su placer en ello no radicaría, hacedle sentir mujer no bastare para su intensa ansiedad en momentánea calma tornar. Colorear sus contornos en arcoíris deseaba, que la luz al prisma atravesar no difractare, concentrando en un punto la luminosidad que a su obscuro rompiere, convergiendo en los lugares que ella eligiere, recorriéndole en libertad salvaje que en dominio del maestro su contacto la tranquilidad en convulsión a su feminidad trasformare. Mujer no deseaba ni podría haber deseado sentirse, le era y por mucho tiempo ya le había sido; mental y físicamente estremecerse ahora le correspondía, sentirse y verse deseada, explotarse cual objeto del deseo sensual que su cuerpo produjere, revistiéndose de encajes y entallados satines que a sus senos, caderas, muslos y cintura esculpieren; atractiva deseaba sentirse para producir en la mentalidad ajena la masturbación mental que la erección, por observadle desafiante en su ropaje íntimo ataviada, del observante infructuoso e impávido en él provocare.
Se sirvió en la copa los últimos rezagos del vino que el día anterior había descorchado, observando el reloj que marcaba el inicio de esa madrugada que, junto al cigarrillo que chupaba le distanciaban tanto de ella como del frío que su delgada chamarra no lograba apartar: “No me importaría…”, ¿acaso hubiere realmente importado si a alguno de los dos le hubiese importado? No deseaba dormir y terminar con su recuerdo, no deseaba terminar con el calor que le proporcionaba su cuerpo posado sobre sus piernas, ambos sentados, uno encima del otro, enlazados en un cordial y fraterno abrazo, ella reclinando su cabeza sobre su pecho, acurrucando sus fisonomías para que el descansare su barbilla en uno de los hombros de ella, enlazándole con un brazo en el costado de su antebrazo y con el otro, ciñendo su cintura, atrayéndole con sutil firmeza hacia la propia, descorriendo su mano firme a sus caderas de vez en vez, acariciándole en la falta de la caricia que sus manos no buscaren, mientras que las de ella, ingrávidas, permanecieren sobre el pecho de él en reposo, sin expresión sentimental que falseare el momento de intimidad que el cercano contacto físico en ambos produjere, desproveyendo los minutos de sus segundos que congelados en el frío al calor de sus cuerpos por entre sus comisuras se perdieren, permaneciendo eternos en instantes que sin habla, las palabras faltas en bocas que sin ser besadas entre la carnosidad de sus labios escurrieren.
Nunca hubo de vedle ataviada con el sostén y el liguero que ambos seleccionaren en esa tienda “on line” de internet; ella había preguntado por qué a los hombres les atraía ver a las chicas en lencería y él no había sabido responder, diciéndole sencillamente que era atractivo, como ella lo sería si le vistiese: “Tenéis ventajas a comparación de otras -le comentó- vuestro vientre es plano y la cintura la tenéis bien definida. Eso no es muy común en todas las mujeres”. Sabía luciría estupenda en ese atuendo de Victoria’s Secret, pudiéndole imaginar entallada entre las copas que a sus senos las varillas en forma redondeada dieren, envuelta en el ancho liguero de blanco encaje por arriba de las caderas, descendiendo tensas las ligas por entre el nacimiento de sus muslos para sostener unas medias que a sus piernas recorriesen, ocultando su tersa entrepierna por la brillante opacidad de una delicada y estrecha tela que a su vagina, cual segunda piel, se adhiriere, adquiriendo pliegues exactos en invitación a descorredles. Habían visitado varias páginas antes de seleccionar el atuendo adecuado, siendo para ella la primera vez que comprare uno similar, pues en su menester diario, el sentirse sensual, aun cuando sólo para ella fuese, no le había sido fomentado, seleccionando su ropa íntima en la tradicionalidad.
Ahora comprendía que su atractivo radicaba, en buena medida, en la ingenuidad sincera con la que le hubiere conocido y la cual, en su ambición de saciar las incógnitas sexuales que a su mente asaltaren, en inocencia adentrare las charlas sobre los más diversos temas eróticos que pudieren a la mente de cualquiera embelesar: “tenéis frío” solía decidle él al observar los pezones que, erectos, sobresaltaren por entre su blusa: “baboso –respondía ella- no es frío, ¿no has pensado que puede ser calor? –inquiría en burla”. Y quizás le fuere, pues en sus jugueteos de inexpertos amantes sus pezones solían endurecerse, apenándose ella en disimulo al igual que él, en mismo disimulo, acomodare por entre su pantalón el pene erecto que se negare a tomar la forma de reposo:
-¿Te gusta que la mujer grite y jadee con fuerza cuando se lo haces? -preguntó en alguna ocasión mientras él conducía su automóvil para dejadle en casa de sus padres.
-Es muy erótico, sí –respondió sin apartar la mirada del camino- os hace sentir que la satisfacéis plenamente, aunque en ocasiones os puede ser un poco incómodo, sobre todo si los vecinos pueden escuchar por entre las paredes.
- Huy –respondió espontáneamente- pues yo soy bien expresiva.
- ¿Lo sois? –preguntó de inmediato- ¿y cómo lo sabéis si se supone que aún virgen sois?
- No preguntes –respondió ella enrojecida mientras se reacomodare en el asiento- sólo supongo que puedo serlo.
Y le suponía, cual él igualmente le suponía, aumentando su imaginación y su deseo en deseadle, exploradle en su sencilla ingenuidad sin convertidle en discípula que presta aprendiere los secretos que sin descubridles, entre sus cuerpos los silencios rompieren. Caricias de principiantes que a su coyunturas se aferraren, desorbitados arrebatos que en revuelcos el desespero olvidar hiciere la premura de un grito o un jadeo que por él, o por ella expedido, el eterno en instante convirtiere. Ella el mismo deseo por deseadle parecía compartir, más nuevamente seguro de ello nunca le hubo estado, y quizás fuere mejor que así hubiere sido, dejar esa incertidumbre había hecho que su relación se incrementare fincada en un deseo aparente que ninguno de los dos palpable le hubiere expresado, demostrándose quizás su atracción en ese juego que diestros habían sabido de la nada fincar, llevándole a extremos que nunca quebrantaren cual los amantes expertos traspasaren, y no fuese por el arrebato que falto de impulso dejaren ambos de apreciar, pues en sus besos esporádicos de despedida, cuando sus labios se unían para decirse un sordo adiós, sus labios cerrados se mantenían, aprisionando una lengua que en furia la cavidad ajena deseare en su humedad con la propia entremezclar, reprimiéndose los placeres del dominio y la sumisión, la conquista y la capitulación.
Del deseo por deseadle ¡Maldita e infructuosa incertidumbre...!

domingo, 26 de mayo de 2013

Flor de nieve. Ericka Volkova




La boca aún a vos me sabe. El paladar de nuestros sudores se ha impregnado, y mis manos que vuestro cuerpo han recorrido, por mi vientre existen en esa caricia sórdida que yo misma me produzco. Recuerdo los instantes mientras os miro, mientras el sueño vuestro en vigilia resguardo, perpetuando el momento en que vuestros senos engullía al unísono de los dedos vuestros que por mi espalda vos deslizabais, recorriéndome el cuello, viajando por la cintura, a mí aferrándolos en la concavidad de los glúteos para a las caderas ancladles, a vos atrayéndome, a vos fundiéndome, y cual elixir amorfo que en humos transforma, trasmutamos por las lenguas de éstas nuestras bocas que ensalivadas, los flujos nuestros absorbieren.

La boca a vos aún me sabe y probar bocado distinto a mí no apetece, vuestras piernas que extendidas en la cama reposan de ello sospechan: largas y delgadas, curvilíneas que adustas a mis labios retan por los tobillos se entrelazan, dejándome observar que los muslos firmes celan el secreto del placer orgásmico nuestro, masturbando la mente mía que en ansia absoluta apoderadme de vos por la espalda ordenare, vuestro cuello besando, vuestros lóbulos mordisqueando, perdiéndome por el pelo vuestro que a mi cara cubriere, que a mis dedos en sus cabellos enredaren, aprisionando vuestro cuerpo con el peso del mío, limpias ambas que la piel nuestra al contacto del sudor en fuego helado nuestros cuerpos engusgaren.

La boca aún en mis manos a vos me sabe.

lunes, 29 de abril de 2013

Anónima (Inconcluso) De nuestros cuerpos y tormentos. Ericka Volkova




Perdonadme si en anonimato hoy me encuentro, las tribulaciones amorfas que a mi mente recorren impiden lúcida sea. La euforia que a mi cuerpo intoxica despreciable ante vos comparable es, pues el observar la pulcritud de vuestro cuerpo terso desnudo evoca en mí la perfección misma de la cual copartícipe yo sea. Vuestros pechos, que en óvalos a contraluz la obscuridad bordea, me hacen de vos la vista no apartar, circundando vuestro cuerpo, describiéndole con mis labios que por los contornos os dibujan en inexorable enigma que, a vuestros muslos con mis brazos aferrada, en el recuerdo mío tallar quisiere, haciéndole perene inmortal de la mortalidad misma.

Lúcida no más estadle puedo, intoxicada de vos la sangre ardiente a mí el cuerpo incinera, y sin desear perturbar la imagen vuestra que mis ojos mudos vuestro nombre gritan, corrompeos con mi tacto no quisiere. Mas vuestra belleza insignia por mi lengua probadle deseare, perturbando la imagen de vos misma, recorriéndoos por milímetros en la piel vuestra, enlazando los cuerpos nuestros que, cual áspides, en contorsiones entrelazadas nuestras caricias la carne de una a otra marcaren, escurriendo por la piel nuestras las caricias que por las manos nos recorrieren, deslizándoles fluidas por los perímetros de nuestros sexos conversos, palpando ansiedades, hurgando las concupiscencias de nuestras propias voluptuosidades.

Anónima le soy, pues vuestro cuerpo ante mí desnudo impide la persuasión imaginar, siendo vos, Kurskova, la imagen que a mi mente en la muerte perene tallar de la belleza única deseare.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Leonor (Inconcluso). Ericka Volkova




De mis labios, envenenad la piel con la cicuta que de saliva a los vuestros tiñen, desvergonzadme en este lecho que la desnudez abrupta de mi cuerpo flagelante os muestra, con vuestras manos palpadme, y en vuestros dedos permitid que mi cadencia os recorra; estremecedme, envenenando en mordidas de áspides nuestros pudores, marcad a mis pechos de vuestra lujuria, hacedme inmunda y lasciva, próspera virgen de pecados miles, y en la boca vuestra, sea mi sexo quien os hable, charlando mudo en labios que a los vuestros la boca os atosigue.

Corromped con vuestra lengua mi espalda, lamedla toda; por la cintura en vuestros brazos enlazadme, murmurando a los oídos obscenidades; susurrad con vuestros libidos dedos mis pechos, haciéndome indulgente al deseo vuestro, y feneciendo mi cuerpo en el vuestro, traspasadme tortuosa en el grito y pujido, de esta vulva que en vuestro pene furtiva, la corona a su cabeza ciñe.

Los atardeceres corrompamos, feneciendo mi cuerpo en el vuestro, y sea la obscuridad quien a nosotras el despojo vista.

domingo, 3 de marzo de 2013

The Fetish Art and Erotic BDSM + Interfectus. Dos vídeos de Ericka Volkova


Música:  Joseph LoDuca y  After Forever.
Imágenes tomadas de la web.




Animación, texto e imágenes: Ericka Volkova.
Música: Joseph LoDuca, Nightwish y Beyond the Bridge

martes, 19 de febrero de 2013

Exilio. Ericka Volkova




De vos vulnerable, habéis de mi hurtado lo poco inmune que aún restaba, sofocando en vuestros ojos mis sacrílegas blasfemias, amamantando vuestra húmeda boca con mis senos, lacerando con la lengua los pezones, irguiéndolos endurecidos por el tacto que vuestra mano entre mi vientre deslizareis, sediento él al contacto que el ombligo impaciente os ofrendare. Habéis de él el ímpetu arrancado; de cuerpos sosiego eterno que a la impaciencia de vuestra lujuria yo correspondiere, masturbando calmas de abstinencia que, ufana y fútil, célibe permanecer yo pretendiere.

Mujer media, de sexualidad completa, atormentadme os pido, lacerad con vuestras manos mi cuerpo os suplico, descarnando los labios con los míos, amorfos e insolutos, excluyendo los miedos; y si en lobos de lunas a siete días por mis caricias morirías, seamos ambas muerte viva, pues con nuestros besos y caricias por las noches los cuerpos en evos heriremos.