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martes, 21 de agosto de 2012

Carta a mi viuda. Jorge M. Molinero




CARTA A MI VIUDA

si lees esto, estoy muerto
-siempre quise decirlo-

dona todos mis órganos
si alguno aún vale para algo

que me incineren

soy poca cosa
seguro que mis cenizas caben dentro
de ese tubo de plástico para guardar el dinero
que causó furor en las playas de los ochenta,
con una cuerda para colgarlo a modo de
nuevo crucifijo de la verdadera religión

tengo uno con la arena de mis primeras
vacaciones en la costa del Cantábrico
vacíalo

y con mis cenizas lubricadas dentro
mastúrbate

haz verdad eso de
polvo somos y en polvo
nos convertiremos



CARTA A MI VIUDA II
En las películas americanas, alguien llora
un i love you o talla en el vaho del cristal
un corazón.
Pero aquí, no dejan entrar tanto. Moriré
en el quirófano, rodeado de extraños -sólo
espero que los padres de mi cirujano aún no se conozcan-.

Que mi recuerdo no sea triste. Mira las fotos que nos hicimos
de novios -privadas entre nosotros y el chico del revelado
de Fotoprix- y, si aún lubricas, mastúrbate y con ese mismo dedo
dibuja un corazón tembloroso en el tarro con mis cenizas.
            Y espárceme con una sonrisa compartida.

martes, 31 de julio de 2012

Para mi trisílaba. Jorge M. Molinero



Compras zapatos en rebajas,
yo hago un poema de cada polvo no echado.
Cada uno masturba como puede las ganas.

J. Malone Miller

Roy Stuart


Ya ves:
yo te necesitaba
como recipiente, caduco
después de la lefa.

Tú querías mis brazos,
la ternura rosa de un silencio
donde mitigar la ausencia del humo.

Ya ves, tan distintos que
la dureza lacerante
de mi cuerpo afligido envidió
la ingravidez de los agujeros
negros en los versos boca a boca
entre Ginsberg y Kerouac.