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viernes, 18 de octubre de 2013

Choque. Jorge García Torrego




ras el portazo, se miraron de frente. Fuerte, con la mirada penetrante, al borde del deseo de sangre. Llevaban tiempo sin verse, pero no habían olvidado la cara del otro. Miradas intensas de cazadores. Quien acaba de aparecer por la puerta es David, asturiano, recio, de cuello corto y ancho como el de un toro. Tiene brazos fuertes y se intuyen músculos trabajados. Enfrente, en la habitación, esperando arreglar cuentas por todo aquello, Octavio. 

Octavio es menos imponente que David. Colombiano, flaco, pero no débil, siempre en tensión. La primera impresión sobre él cambia al llegar a su cara.  Un gesto ininterrumpido, intenso, contrae sus labios. Sus ojos, arriba, y esa mirada, de animal. El duelo ya no parece tan claro.

Ambos se evalúan, de lejos, con respeto. Saben que el momento llegará y no podrán aplazarlo más. Bastante lo han hecho ya. David aprieta el puño. Octavio nota ese movimiento y duda. Un segundo, pero duda. Luego da un paso y lo acompaña con su cuerpo y su mirada. David, se lanza hacia delante también.

Están desatados, rabiosos, poderosos, contundentes hasta el momento, inevitable, de chocar. Y llegan, se chocan, se encuentran los músculos, las miradas, los puños y se buscan las bocas, rojas de rabia, de animales. Sus brazos se contraen, empiezan a nacer los sudores, se encuentran, se encuentran, se están encontrando. Apartan los músculos, y se encuentran. Apartan los puños y se besan. Se retuercen en un beso que arde en dos bocas rojas.

Un beso sin piel, sin género. De hombres. Un beso que arde, los quema y une, los  desnuda, les revuelve las pieles, y solo quedan, después del beso, dos montones de músculos calientes.

jueves, 10 de octubre de 2013

Mano, nuca, alfiler de limones. Jorge García Torrego


A horse and jockey tattoo, 1930s



Mano, nuca, alfiler de limones
tu lengua helicóptero sediento
chocar mordiscos contra tus muslos.

Resucitar el ojo con uno solo de tus pechos
sábanas derrota por el suelo
cuerpos abiertos como la lluvia

zumo de labios y risa:

yegua compartida.



viernes, 1 de febrero de 2013

Mi Casa. Jorge García Torrego


Yo tengo una casa que empieza en mi cuerpo
y acaba en el suyo.

Mi esperanza tiene dos bocas
a veces es un nudo
y otras
un río caliente.

Mi casa no acaba nunca
y todas las ventanas me pertenecen.






http://jorgegarciatorrego.blogspot.com.es/