martes, 1 de abril de 2014

Ven, amado, y... Teresa Domingo


Hedy Lamarr



Ven, amado, y
mira el enjambre, cómo las abejas
pierden la miel y la derraman
por mi cuerpo como si mi misma sangre
palpitara en ellas.

El panal es como el motor de un coche
que se encendiera y tú, tras la ventana,
pudieses oír cómo me ducho e
imaginar el jabón que cubre mi piel de reina.

Vienes y acaricias el agua, te pierdes y yo
me pierdo, me río y tú te ríes, y
entre las risas nos resbala el día
como si fuera un reloj sin tiempo.

La colmena late mientras se alza
en el mismo rumor un mar
poblado por serpientes.

martes, 25 de marzo de 2014

La lluvia acontece en tu cuerpo y... Teresa Domingo






   La lluvia acontece en tu cuerpo  y
es musgo que te late en la piel 
con la tormenta del semen. 

Consagrada, te abrazo desnuda y
palpito en la respiración de tus flores
como si en mí viviera una perra voraz. 

Viene el fuego, y tú ardes en la purificación
como si fueras una llama que tiembla
de una estrella en el alba. 

¡Oh sol, oh rayo de Isis, oh beso de Osiris! 

domingo, 9 de marzo de 2014

Después de. Carmen Solsona







Resonó en su cabeza, el golpe seco, choque de puerta y dintel, la que el día antes había atravesado entre supuestos y conjeturas, deseando que llegado al punto culmen todo fuera como debía. No iba desencaminada, ni siquiera cuando los pasos dados en medida distancia, celeridad precisa, aún a costa de la inquietud y nerviosismo, más propio de una adolescente, que de una mujer madura, zigzagueaban en curvas asfálticas de la ciudad natal que ahora le ofrecía, dadivosa, motivaciones imprevistas, súbitas escenas que esbozaba en su cabeza, cortos y minirrelatos suficientes para hacer un maratón de sensibilidades en versión original. El portazo siguió retumbando durante el descenso, en cuenta atrás, de los siete pisos, no eran números, estaban ahí, las respuestas a aquellas que hizo en sentido contrario, una tras otra, aclaradas y resueltas.

Notaba en su boca un sabor olvidado, el que postergó en pos de un "querer estar" sin más pretensiones; el sabor de su polla, ese último momento de gozo que experimentó, felación ejecutada con torpeza, dada la falta de hábito, ni siquiera podía recordar la última realizada, y sin embargo el temor quedaba atenuado por la lascivia que experimentaba y deseo de traspasarle con su saliva la misma sensación que había experimentado cuando le había tenido entre su piernas, dentro de ella, dentro de su coño húmedo y cálido, provocándole un orgasmo casi eterno.

Apretaba con fuerza los libros, pegado a su pecho, él, poesía reveladora, la que ahora lee queriendo aprender, versos, esos u otros que perfilaron, en su cabeza e interior, lo anterior y lo posterior; el cambio de lo que creyó inamovible, pétreo, frío. Y sin más remedio, volvió al asfalto, intentando contener la pregunta del "después de", ahora sin ondulaciones, sin metáforas, aquellas que las musas reclamaban, las escritas por sus diálogos, sus miradas, sus caricias, sus besos, porque ahora, sin retóricas, explícitamente, le echa de menos.


sábado, 8 de marzo de 2014

En la distancia. Ericka Volkova


1953. Paul Emille Becat Genuine Vintage Etching Art Print



No es esta la primera ocasión en que la distancia a nosotras nos separa. Creía, por ello, que estarlo a mí escasamente afectaría, mas las habitaciones de hotel monótonas se han convertido, aseverándose que estas paredes de color desprovistas en los falsos rincones vuestra sombras ocultan.

No es vuestra voz que por el auricular escucho quien la vehemencia sosiega; es la hambruna mía que por vos exige, demandándome en este apetito por la boca engullíos para saboreaos en esa piel dócil que entre los dedos a mis labios adoso. Y en estas noches faltas, sobre este abyecto tálamo tendida de vuestro nombre sus letras a mis muslos aferro, esperando fueren ellas quienes la humedad con su lengua la ambición de una elegía desequen.

De luz falta, las sombras con vuestra voz en mis senos frente a frente escucho… 

viernes, 7 de marzo de 2014

Anfaegtelse. Angélica Liddell






Mi madre nunca me ha querido. Y por eso me convirtió en un monstruo de amor. Siempre he deseado más amor del que me podían ofrecer. Siempre he deseado el amor que no encontré en mi madre. Y por eso le pedí a los hombres un amor gigantesco, sin condiciones, sin límites, sin final, como supongo que debe de ser el amor de una madre. Los monstruos de amor deseamos ser amados sin pausas, sin descensos. Los monstruos de amor somos increíblemente ingenuos. Creemos en las cimas y en la vida en las cimas. Y eso es imposible. En la cima te congelas, te comen los buitres, o te mueres de hambre.

Recuerdo la historia de una muchacha que subió descalza hasta una cima, en Alicante, el cerro de las Águilas. Antes de marcharse dijo, me voy porque es el fin del mundo, se tendió en la cima tranquilamente, y murió. En las cimas uno siempre está solo. Los alpinistas del amor somos solitarios que llevamos a cuestas la máxima altitud. He llegado a la conclusión de que toda mi vida he buscado el amor de una madre. Y yo he amado con la bestialidad de una madre, de una novia, de una hermana, de la patria y de los ahogados del Sena, todo junto.

TU MADRE ME COME LA POLLA.

Voy buscando a alguien que me ame por la forma que tengo de comerme el arroz, alguien que no sepa quién soy, alguien que me vea en un restaurante chino, comiendo arroz, y empiece a amarme, sólo por eso, por la forma en que tengo de masticar el arroz, de tragarlo, de poseerlo en mi estómago, nada más, alguien que me ame por verme comer arroz, alguien que no me maltrate por comer mucho, o poco o no comer, como tú me maltrataste mamá.

Mamá, si me hubieras cantado esta nana no hubiera necesitado a nadie, hubiera sido fuerte, te hubiera tenido a ti, mamá, no hubiera suplicado amor como una indigente, pero me hiciste indigente, me arrodillé a los pies de los hombres, me abracé a sus piernas suplicando amor, me dejé arrastrar por unas escaleras suplicando amor. Escucha, mamá, esta es la nana que deberías haberme cantado. Esta es la puta nana que deberías de haberme cantado.

MAMÁ, TE ODIO.


jueves, 6 de marzo de 2014

Siempre soñando... Felipe Zapico





Siempre soñando
con muejeres con hoyos de venus
siempre
las camareras ante la cámara de las cervezas
siempre
fuera de alcance
cobertura
siempre
sin poder poner unas briznas
de coca
o speed
ni siquiera
un poco de sal
para el tequila
siempre
siempre
siempre
con ganas de lamerlos.