martes, 14 de enero de 2014

Tragedia pornográfica. Patricia Úbeda Sánchez





Nos metieron en bolsas de basura, rozando la felicidad.
Estábamos condenados a soñar como conejos.
Pudimos cegar al sol sin embargo a los muertos no.
Pregunté a los animales cómo era el amor, y me contestaron
que estaba lejos de mis manos y de las patas de una cama.
Pregunté cómo era morir, y me contestaron
que en el fondo lo sabían pero no podían decírmelo
porque no podría amarte con los mismos conejos de antes.



lunes, 13 de enero de 2014

EBCPE. Olivia Martínez Giménez de León









Defina “erotismo”.

Entiendo el erotismo como una forma de sensualidad. Se genera en la sugerencia, en la insinuación. Así que también tiene mucho de ensoñación y fantasía.  


¿Sigue siendo -o ha sido alguna vez- revolucionario escribir sobre sexo?

Ha sido muy revolucionario. Actualmente, no sé si diría que lo es tanto, pero por supuesto que todavía suscita esa mezcla de sobresalto y curiosidad un poco morbosa. El erotismo y la sexualidad hoy en día , todavía, son tratados con poca o escasa naturalidad. 


Relacione estas dos palabras: “sexo” y “soledad”.

Lo primero que pienso es en masturbación. Lo segundo, en cuando se utiliza el sexo para aliviar la soledad. 


¿Es el erotismo un tema importante en su poética? ¿por qué?

No sé si lo es abiertamente, pero lo corporal y lo sensual tienen mucha presencia en casi todo lo que escribo. El cuerpo es el punto de partida para vivir y experimentarlo todo, incluso las ideas. Entiendo que hasta lo más abstracto se conecta al cuerpo. Y claro, del cuerpo al erotismo no hay mucha distancia… 


¿Se siente a gusto en la ciudad donde vive?

Vivo en Alicante. Ésta es una ciudad con mar, sol y gente de paso. Vivo en la periferia, cerca de la playa. A nivel institucional, cambiaría muchas cosas del panorama local, y si nos referimos a cuestiones de política cultural, más todavía. Sin embargo, he de decir, que con los años me he acostumbrado a vivir aquí. Tengo una red de afectos ancha y hermosa, y una vida bastante tranquila y agradable. Quizá, aquí no exista la vida cultural de una gran ciudad, pero tampoco puedo acudir a todo lo que se ofrece. Además, me gusta mucho lo de vivir en la periferia costera y estar un poco alejada del ruido de la ciudad. 


La importancia de que nos reciten. Presentaciones de libros, lecturas en bares, slam poetry, prostibulo poético. ¿Qué opina?

Que la poesía recitada cobra cuerpo, adquiere volumen. Me parece que al recitar un texto le das una nueva vida, lo conectas con el otro y lo terminas, o adquiere otra terminación. Además de que me gusta por lo escénico y rapsódico del asunto. 


Hay barras de bar y minibares en este poemario. ¿Es importante el alcohol para seducir? ¿Por qué flirteamos en los bares?

Los bares suelen estar a oscuras y el alcohol relaja y calienta los tejidos. 


¿Por qué accedió a participar en esta antología? 

Era una oportunidad preciosa, porque yo apenas he publicado, y pasó casi sin darme cuenta. Le envié a Adriana los textos y ella me propuso incluirlos en el libro. Le dije que sí sin dudarlo. 


¿Mecanografiado o a mano? ¿Qué se pone para escribir? Hay música en “Erosionados”. ¿Le acompaña cuando escribe?

Me gustaría tener rituales a la hora de escribir. Ser de estas personas que siempre escriben con pluma o se ponen una bata de seda heredada o escuchan siempre a un determinado compositor. Pero lo cierto es que no tengo rituales: tengo tres o cuatro libretas en marcha, varios documentos en el procesador de textos. A veces, cuando escribo en casa, escucho piezas instrumentales y otras veces, me quedo en silencio; en ocasiones escribo en una cafetería; algunos poemas los he escrito en el coche. Y respecto a lo que llevo puesto, lo cierto es que muchos poemas los escribo en pijama, con todo lo antierótico que esto puede ser. 



sábado, 11 de enero de 2014

Mente fría. Cristina Ocaña





Me mordiste la pierna en un arrebato de pasión. Estabas sobre mí a punto para la invasión. Las propiedades de la suma te las dejo para ti, yo soy más de letras y de humanismo pacifista.
Tienes la mente fría.
Úsame, pero con moderación, sin destrozarme el corazón, sin ataduras estúpidas, sin rencores. Búscame en el polo norte, yo te daré calor en tus noches disipadas de burbujas inútiles. Bésame, pues no lo haces lo suficiente, mente fría. Parece ser que eso significa para ti algo más trascendental, algo que va más allá de lo íntimo. No quiero nada de ti, sólo encuentros dispares en ocasiones contadas.
Ahora sigo con la invasión, estás encima de mí y me muerdes la boca, pero sigues sin besarme, me rehúyes constantemente, y yo tampoco te busco. Me dejo llevar como la corriente electrizante que recorre nuestros cuerpos semidesnudos. No hay apenas pasión, no hay sabores ni olores peculiares, todo es aséptico, frío, inconsciente.


Madura mente fría, madura. Soy toda una mujer, pero tú no te has dado cuenta.

viernes, 10 de enero de 2014

Habitación del hotel. Beatriz Gimeno

de Sex, Beatriz Gimeno. Editorial Egales.






Por fin llama a la puerta, abro y entra Ana con esa sonrisa suya que tanto me duele. Al verla es como si me vertiera, como si todo lo de adentro saliera afuera; el corazón, la sangre, las tripas, el sexo, los músculos, todo se vacía y después vuelve a llenarse en un movimiento que me incendia por dentro. Estamos de pie frente a frente, mirándonos. Ni siquiera nos hemos saludado porque yo, como siempre que estoy con ella, no sé qué quiere de mí; no sé lo que preferiría que yo hiciera, porque no suele halar mucho y yo, que me gusta contarlo todo, me quedo paralizada con su silencio. Entonces alza su brazo y restriega su mano cerrada contra mi boca hasta hacerme daño y, cuando ya me voy a quejar, abre la mano y me acaricia los labios con los dedos; con sus preciosos dedos, delgados y huesudos, que parecen hechos nada más que para introducirse en todos mis orificios. Su dedo perfila primero mis labios cerrados y después presiona para abrirlos. Su dedo perfila primero mis labios cerrados y después presiona para abrirlos, y ese mismo dedo recorre mis dientes y después mis encías para empapar mi saliva y con ella empapar mis propios labios. Por fin, cogiéndome la cara con la otra mano, me abre la boca y me mete un dedo, dos, tres; y yo los chupo y los acaricio con mi lengua, los recorro, los succiono mientras ella los mete y los saca y recorre todos los intersticios de mi boca. Después es su mano entera la que juega con mi boca, la palma de su mano, la que aplasta contra mi cara; es su mano la que intento lamer y es su dedo pulgar el que me trago. Por fin se cansa de este juego y se decide a besarme. El beso de Ana, que reconocería ante cualquier otro beso, que es tan extraño, tan diferente. Mete su lengua en mi boca, la recorre entera, me muerde los labios, me llena la boca de su saliva. Yo gimo y retrocedo, porque siento que me falta el aire, los pezones me duelen, el clítoris hinchado y palpitante me avisa de la necesidad que tiene de que le toque y le descargue. Por eso quiero que su mano me presione ahí: en el centro neurálgico de mi desesperación, aunque sea por encima del pantalón. Le cojo la mano y se la llevo hasta ese lugar, que me desespera y del que siempre me falta ella, y se la aprieto contra mí. Pero aún no es el momento y por eso, desasiendo su mano que busca retenerla en mi pierna, me da una bofetada que sirve para mostrarme, por si me quedaba alguna duda, quién manda ahí, por si no lo había entendido. Ana, naturalmente. Su bofetada, que ha dejado mi mejilla encendida y caliente, me ata a ella más fuertemente que si me pusiera una correa en el cuello: así fue desde el principio, así será siempre.

Entonces me sube la camiseta por encima de las tetas; ya sabe a estas alturas que nunca llevo sujetador. Me pellizca los pezones, me los acaricia primero con suavidad, después con más fuerza, hasta que consigue ponerlos duros y erguidos, y después me los succiona. Me desabrocha el pantalón y, metiendo su mano por debajo de las bragas, pone su mano en mi coño, y sólo ese contacto supone un placer tan intenso que tengo que poner mi cabeza en su hombro, apenas me tengo en pie. Empieza a apretarme el clítoris rítmicamente y siento que me voy a correr, pero Ana no quiere que eso ocurra y por eso, cuando siente que ya estoy a punto, me empuja hasta la cama, me pide que me desnude y los hago. Y durante un rato que se me hace eterno me mira ahí, bien abierta, abierta para ella en realidad, y entonces se quita el abrigo (aún no lo ha hecho). Lo deja en la silla y saca del bolsillo un dildo y un condón, y se lo pone despacio y con cuidado.


lunes, 6 de enero de 2014

EBCPE. Sara R. Gallardo





Defina “erotismo”. 

→ véase Booktrailer “Erosionados”.


¿Sigue siendo -o ha sido alguna vez- revolucionario escribir sobre sexo?

Sigue siendo revolucionario escribir “bien” sobre sexo.


Veo en “Erosionados” un punto común entre diferentes autores y poemas: la presencia del silencio y de la oscuridad. ¿A usted qué le parece?

Mal. Cuantos más gritos y más luz, mejor. 


Aunque la literatura erótica no es ninguna novedad, en los últimos años hemos visto un auge en la publicación de este tipo de literatura. ¿A qué cree que es debido?

Es de las pocas cosas casi baratas que nos quedan. Y escribir también.


Este libro surge del deseo de la editorial Origami de publicar una antología de poesía erótica. Origami es una pequeña editorial independiente que, en sus dos años de vida, se ha especializado en la poesía y ya cuenta con un importante plantel de autores. ¿Qué supone para usted publicar en esta editorial?

Lo has dicho tú: formar parte de una editorial independiente y que se ha ido haciendo un hueco en los últimos tiempos en el terreno de la poesía es un honor y un gustazo. 


La importancia de que nos reciten. Presentaciones de libros, lecturas en bares, slam poetry, prostibulo poético. ¿Qué opina?

Nos exponemos, pero también es una de las pocas maneras de dejar que nos mimen en todo este asunto de la poesía.


Hay barras de bar y minibares en este poemario. ¿Es importante el alcohol para escribir? ¿Por qué recitamos en los bares?

Por la misma razón que flirteamos. Para que nos quieran.



viernes, 3 de enero de 2014

Poliamora (frag.). Sivia Cuevas-Morales

Poliamora es una colección de versos sencillos y sentidos. Compila experiencias y memorias lésbicas como rutas del conocimiento de la otra, como huellas del tiempo y del cuerpo. La autora se arriesga, se desvela y se rebela contra silencios añejos. En cada sección se visita el amor que es uno y muchos al mismo tiempo.
Poemario audaz, cercano, vivido. Lección para el llanto y la celebración del amor entre mujeres desde una voz inequívocamente de Silvia.





Tu fantasma ronda mi piel (fragmento)

En Poliamora


I


Tu fantasma ronda mi piel
Mi cuerpo aún percibe tus manos
Mi sexo todavía siente la presión de tus dedos
Mi clítoris añora tu lengua amante
Mis ojos ensueñan tu mirada
Tus labios en tierna caricia
Tu lengua tímida
que recorrió mis recovecos
Tu voz
que se clavó en mi cerebro
Tu cuerpo compacto
que supo encajar entre mis senos
complementar mis vacíos
fundirse entre mis brazos
Tus piernas ágiles
Tus manos suaves
Tus pezones pequeños
que aún saboreo.

De vuelta a la rutina
persigues mis pasos
El reloj aplacará mi deseo
pero por ahora
la felicidad anida en mi pecho
Y a pesar de la distancia
te sigo sintiendo muy adentro



II

Te busco insaciable
en el espejo
en mis senos
Aprieto mis pezones
sueño con tu aliento
Me acaricio el cuello
pienso en tus labios
Recorro mi boca con la lengua
rememorando tu saliva entre mis dientes
Mi cuerpo se retuerce
fantaseando tus manos
Evocando tu rostro en mis muslos
ansiosa me froto en el sexo
Me acaricio frenética
desesperada en su ausencia
Me unto los dedos
los lamo como un perro
No es tu sabor lo que encuentro
y grito tu nombre en silencio
Mi clítoris reclama tu boca
e irrumpo en orgasmo 
triste y solitaria
sin poder dar con el sosiego
Sollozo y empapo la almohada
con la bella imagen del recuerdo
El espejo sólo mi mirada vacía
y me invade la tristeza
al encontrarme a solas
con mi propio deseo

jueves, 2 de enero de 2014

Andrea Becquer (Epitafio). Ericka Volkova




Embriagad estos adentros que por vos reclaman, traspasadme efímera en el tormento, atravesad la vulva y penetrad profundo, hundid en el éxtasis la falacia que un falo provocare. Tomad mi entrañas, de ellas hartaos que estéril le soy; mis senos secos por vuestra boca los pezones reclaman, hinchados, de vuestros dientes adustos esperan, vehementes que a vuestra lengua árida la sed sacien; y mi cuerpo que falto al tacto vuestro marchita, acariciadle en encrespado crepúsculo, flagelándole del cuello a los pies.