viernes, 28 de junio de 2013

Días solitarios. Fran Martínez




Días solitarios.
Esos días en que la ansiedad de tus caricias es lo único que me da placer.
Inquieta la flor de tus ojos.
Esos días solitarios de alcohol y taberna.
Muros,
vegetación estéril.
Instante prometido,
sociedad brutal,
parto prematuro.
Dos bailarinas escenificando su muerte,
sus vaginas fluctuando en una danza salvaje .
La locura,
el amor inerte,
el despertar angustioso.
Habían hecho el amor tras un laberinto de espejos,
bailando cual tormenta de cabaret...

Buscaba en mi memoria tus manos y tu piel

tropezando los bordillos de la acera.



La ciudad expulsaba su frustración

plantando

flores

en el tacón de sus zapatos....



Y otro día

otro día más

follaba el estado de confusión permanente.... castigando

con alambres

mis putos labios de zorra.





miércoles, 26 de junio de 2013

Pero toda esta carne. Isabel Tejada


Earl Steffa Moran (December 8, 1893 – January 17, 1984)


pero toda esta carne


no es sino lo que toca
te doy el hambre si digo
fóllame con lo que queda después del sueño
te reconoceré si entras
tallado entre mis muslos emblanquecidos
hibernando apretado hasta que cada uno desde su cuerpo
se venza
y me lleves entonces la boca a tu sexo
y por último digas abre
que aceptes la lengua que obligo a interesarse
este hueco en mi garganta
sin acordarte del hombre solo del hombre que cae
y se pierde


lunes, 24 de junio de 2013

Mi mejor poema. Javier Vayá Albert




Es entonces, cuando me acerco, fantasma,
a tu oído y recito sucios versos
e inhalo tus derramados suspiros
y dejo que mi boca conduzca
el deseo desde tu cuello hasta tu ombligo
y mi lengua, serpiente ciega, recorra
el sabor de incendio de la piel
del interior de tus piernas
hasta hallar delicia de refugio
hundiéndose en tu húmeda madriguera
Y tú te transformas en delirio prodigioso
te doblas y arqueas en eterna ofrenda
y ensayas con tus labios un grito mudo
para contener entero al hombre
y eres de nuevo otra, tú multiplicada,
mutada ya en perversa amazona
que me cabalgas con salvaje dulzura
a través de relámpagos de magia
para cambiar de inmediato,
ya derretida y lánguida, dadora de luz,
me dedico minuciosamente a explorar
la geografía perfecta de tu desnudez
la albura inconexa de tu espalda
el olor de madreselva de tu pelo
pegado a la nuca por el sudor
sopeso con rigor científico
el tamaño de tus pechos con mis manos
mientras tus caderas se curvan en respuesta
y comienza mi turno como jinete
al mismo tiempo que abres tu boca sedienta
y volvemos a hacer de nuestras salivas
la mejor de las alquimias posibles.
Es entonces cuando estoy seguro
de haber escrito mi mejor poema.

Siempre he querido ser buena en algo. Isabel Tejada






Me he puesto la máscara de Catwoman, sólo así puedo mirarme desnuda al espejo. Es de charol, cutre. Más que una máscara parece una bolsa negra de la basura a la que le han hecho dos agujeros, pero cumple su función y, de momento, eso me basta.


Mi cuerpo no es estándar. A mí no me gusta mi cuerpo. Después de mis caderas anchas, de mis nalgas flácidas, de mi alta cualificación en carnes, de mi sexo no atravesado. Yo estoy, después. Me molesta ser reducida a un número. 33 años. 1´70 de altura. 68 kilos. 1 cabellera tierra de puntas quebradizas, a media espalda. 1 proyector en el pecho. 1 corazón que pendula. 2 pezones que no importan. A veces, me siento un fraude.


La noche de los lunes es mi noche libre y aún sigo, con la vista puesta en la cam, en el hombro donde se apoyan todos los hombres que vienen a mí, desabrigados, sedientos, buscando, como agua, a la contadora de historias. Pero hoy, el ritual es otro. Vengo a volar donde no se puede. Soy la que copula con la noche, con la piel translúcida, a modo de luna, que nadie quiso tatuarme un deshielo, darme un solo signo de referencia ¿La que copula con la noche? Menuda estupidez.


La noche de los lunes es mi noche libre y es mi noche de ruta, de búsqueda. Y qué busco sino un acontecimiento de vida. Sí. Los autobuses son útiles, ayudan a reducir la distancia de seguridad. Desconocido me ha descubierto, con las piernas cruzadas, observándole, aguantando. Sé dice así, con la mirada, la necesidad. A esta hora de la madrugada, somos pocos y entre nosotros nos reconocemos. Antihéroes de pana y sin brillo, náufragos que recogen un deseo roto, tirado en la calle y lo amparan y se conforman. Sigo siendo la niña que jugaba a “hacerlo donde pille” con los chicos de otras instituciones estatales, los que le bajaban las bragas en grupo y le enseñaban a ser habilidosa con la lengua, en los baños públicos o en los coches, cerca del vertedero, donde pensábamos que, seguramente, acabaría la mierda de vida que íbamos a llevar.


Decir tú ahora nos vendría de largo, en toda esta oscuridad contenida de este portal, en medio de ninguna parte. Quién puede culpar a una araña de tejer su red. Sé que me aguarda lo cutre en esta ceremonia de mendicidad. Y siempre es el mismo mecanismo. Desconocido cada vez es más sincero, suda, huele mal. Besa con prisa y a salivazos. Porque lo vivo está en los huecos, dos de mis dedos le abren desde atrás, obteniendo respuesta. No está muy seguro en qué posición colocarse y eso es precisamente lo que le excita, ser obediente, abrir su entrepierna y ofrecerme su polla, con el fin de encontrar algo de calor entre mis muslos, agradecido por la novedad de un encuentro furtivo a sus 50 y tantos. Siempre he querido ser buena en algo. Y me dejo hacer. Allí donde la desnudez nos resplandece, ha la selva de los invisibles y de los turbios sin valor que no piensan, que no quieren pensar en la mañana próxima. Desconocido se despeña, borda sus manos a mis pechos, me soba. Rastrea. Como un animal que marca su territorio, restriega su cuerpo contra el mío, pero no me busca con los dientes, arruinando el momento. Intenta una intensidad y tiembla. Se ajusta a mi cintura. Lo está intentando pero es lento, embiste con dificultad, resbala en mi coño empapado. Jadea, la respiración se le amontona. Cree que va a correrse de un momento a otro y me arrodilla, para casi ahogarme, agitándose hasta mi garganta, haciéndome rezumar de semen y una señal con la cabeza para que no lo escupa y se lo dé a beber.


Todo ha terminado y está amaneciendo. He de volver. Tengo que darme prisa.

jueves, 20 de junio de 2013

Mi sexo. Giovanni Collazos




Sacudo mi sexo deshojado y rugoso abandonado carmesí sin asombro
flamean sus números bacantes que saludan mi ciencia insomne
sobre los hombros llevo su peso el yugo de su guirnalda desierto.
Sacudo mi sexo furibundo y sus riberas se desatan errantes
las cadenas comprenden la sangre del agonizante fragor
los ebrios vientos pasan de costado con su dentadura
y no hay lenguas ni labios ni relojes fúnebres que afilen sus pies.
Sacudo mi sexo pulso por la avenida despojada
como criatura de escarcha con sus ojos frenéticos
mi sexo tierno encallado en su rebaño
su lecho vacío de poluciones
sus humedades su nocturnidad su entereza su médula su cáncer ciego.
Sacudo mi sexo y palpita como enjambre de ruiseñores como mordisco de perro
daga bórica sin palabras
carne que acopia muertos y trajes con esa pupila de humo
columpiándose por escaleras.
Mi sexo tumulto racimo de espuma
lo sacudo en aluvión de infiernos
en diluvios solitarios
en verdes alambradas y alcantarillas de tristeza
mi sexo afilado sin mortaja en su licor de sueño y su aullido ensangrentado.

martes, 18 de junio de 2013

Coleccionista de huesos. Jorge Coco Serrano




Cuando despiertes,
además de observar
tu quipu cabellera,
asegúrate que tu cuerpo
esté completo.


Por ti seré soprano desquiciado
y reventaré en pedazos,
con fuerza de planta animal,
tu núcleo, ese sexo pensador.

Por ti seré arcabuz disonante
y de un solo tiro
y de un solo jalón
terminaré con la última carne
que cuelga de tus huesos.

Entonces juntaré,
cúbito, rótula, peroné
y de esos huesos desgarrados,
molidos de tanto placer,
armaré una nueva mujer.

Por ti seré peor que yo.



Mujer,
si encuentras fracciones de tu cuerpo
regados por la cama,
perdóname,
no me las pude llevar.