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jueves, 16 de enero de 2014

NINGYO. Jorge Ortiz Robla


http://thebijouxeditrix.blogspot.com.es/2011/08/get-knotted-shibari-style.html
Mert & Marcus



Solía ajustar sus aletas a la altura de los tobillos con dos cuerdas de yute. Después comenzaba a enroscarlas desde los gemelos hasta la cintura, anudándolas concienzudamente, recordando la técnica del shibari que el maestro le había enseñado. Lo hacía lentamente, como si unas manos ajenas quisieran aprenderse su piel, siempre como la primera vez.

Desnuda sobre la orilla comprobaba el bucle de debajo del ombligo. Cómo la cuerda descendía hacia su sexo, la presión entre los labios mayores y menores, el rizado de debajo de los glúteos y el nudo ceñido al talle.

Después arrastraba su cuerpo sobre la arena y se dejaba engullir por las olas.

Al otro lado de la isla, aterrados y excitados, la esperaban los marineros.



domingo, 24 de noviembre de 2013

Pavo Cristatus. Jorge Ortiz Robla




Al llegar a su habitación vi aquel mural que rellenaba la pared enfrente de la cama. La imagen de un pavo real enorme con su cabeza dorada, su mirada profunda y su cola abierta, con cientos de ocelos, como ojos, observando cómo lamíamos nuestra carne, cómo nos exprimíamos la dermis, hasta secarnos la sal de cada poro.

[ La conocí en un bar, muy cerca del centro, donde el suelo todavía es capaz de guardarnos sorpresas y secretos entre su adoquinado. Casi sin hablar, como una señal, nos miramos, y supe que tenía que salir. Subimos las escaleras que conducían a la catedral. Su piel tan suave, el olor a salitre, las vidrieras, su boca acercándose a mi cuello, acercándose, cercándome acercándose.]

Me dijo –Me llamo Crista, viviré más de cien años, y tú te quedarás conmigo-

Cuando se colocaba de rodillas encima de la cama parecía que la cola abierta formase parte de su cuerpo, incluso su pecho comenzaba a reflejar una especie de plumaje azul intenso, con destellos alrededor de su cuello.
Sonaba Rodríguez, sonaba Lou Reed, sonaba McEnroe, pero sonase lo que sonase, parecía que los gemidos se reproducían al otro lado del tabique y los ocelos de la cola comenzaban a dar muestras de humanidad. Unos pestañeaban, otros transmitían excitación, deseo, terror angustia morbo, toda una carta de gestos entre las plumas del mural. Cuanto más se mecía sobre mi cuerpo, cuanto más fuerte se clavaba, más cerca veía esa cantidad de ojos. Más cerca, más cerca más cerca, la pared comenzaba a volverse esférica, más cerca, las plumas creaban un dosel, más cerca, que eclipsaba por completo la cama.
Después el estertor, el gemido, el grito, la rigidez y la sequedad en los ojos. El rostro de yeso, el rostro de pluma, pintado, el rostro.

De pronto, frente a mí, mi cuerpo tendido sobre la cama, desnudo, inerte, inalcanzable ya. Mi ser, mi conciencia emparedada, y ella majestuosamente bella, mirando fijamente en la pared, a mis ojos, acariciando aún desnuda toda mi anatomía, decía:
-Te quedarás conmigo-.



martes, 15 de octubre de 2013

Perritos calientes. Jorge Ortiz Robla



Jackie Kennedy mannequin. 1961



Me dijo, el cuerpo dentro del cuerpo quita la sed y el hambre.
El movimiento pendular oscilatorio reanima todo corazón.
-Ya no estás muerto, ¿lo ves?,
Ya no estás muerto-

Recuerdo su ropa interior enrollada
como un cruasán encima de la mesa.

Me dijo, el sexo dentro del sexo absorbe la sangre
como una sanguijuela.
Me habló de la fricción de la piel,
del chasquear de los muslos
como un mar de brasas.

Recuerdo la lluvia empapando por dentro los cristales,
la resurrección de la carne,
y esos pechos con sabor a perritos calientes.




jueves, 2 de mayo de 2013

Nido de Anguilas. Jorge Ortiz Robla





En la soledad del orgasmo,
la masturbación es voraz y cutánea.

[Cierro los ojos y veo mi lengua circunvalando tus labios.
Cambio una y otra vez de pierna,
como de sentido en la autopista]

La soledad del orgasmo en la oficina,
en el salón,
en el probador de unos grandes almacenes.

[Cierro los ojos y veo cómo mi carne entra en tu carne.
El sexo es eso,
el amor, todo lo demás]

La soledad del orgasmo en un sillón
o bajo la luz cenital del cuarto de baño.

[Cierro los ojos e irrigo tu sexo
con la alcachofa de la ducha.
Tu placer licuado se va por el sumidero.
El mío,
con el rugir acuático de la cisterna]

Ahora sí me siento jodidamente eléctrico,
Ahora sí, mi próstata es un nido de anguilas.