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sábado, 18 de enero de 2014

Cuarteto de jazz erótico en la 208. Abel Santos

De Todo descansa en la superficie (Ediciones Vitruvio, 2013)






Desde fuera, la lluvia, nos incita,
constante y narcótica, a que entremos en trance,
nos invita a formar parte
de su canción, con ese siseo propio
de percusión deslizante,
de insinuante
ritmo jazzístico.
                             Relámpagos
graves y consecutivos, los corazones
retumban como un contrabajo.
Las manos son pentagramas de calor.

Por la sábana somos enfocados.

Nos acariciamos, conectamos nuestros cuerpos
tendidos, vibrantes, sutiles.
                                                Divagamos,
pero sabemos adonde queremos llegar:

perseguimos ese éxtasis sinfónico
de cuando cada uno de los instrumentos del amor
aportan la huella de su pasión,

natural, improvisada, libre,

hasta conseguir esa fusión
en la cual no se diferencia
cuándo se manifiesta tu alma o la mía
en el voluptuoso clímax del jazz erótico.





domingo, 10 de noviembre de 2013

La tentación. Abel Santos


 Te bajé la falda y vi entero París.
Andrés Suárez









Te bajé la falda y vi entero París, como dice la canción,

y encontré a La Maga en un autobús desangelado,
y me olvidé de llevarle flores a Jim Morrison,
y se hicieron carne los nocturnos de Chopin,
y profundicé en la poesía de Pedro Salinas que vivió
toda su vida de casado amando en secreto a otra mujer,
y me reí de Picasso y de todas sus amantes,
y Mimi ya no me parecía esa mezcla de inocencia y madurez
                                                                        sexual
en Lunas de Hiel, de Roman Polanski,
y sentí por ti un amor más grande que el de Scott Fitzgerald
tenía para ese aire jazzeado de su preciosa Zelda,
y ya no quise ser Bartleby o Rimbaud, y cancelé con estos versos
todos mis viajes al desierto de la literatura,
porque comprendí a Hemingway cuando lanzó la pregunta
de si había amado tanto a una mujer
como para ver a la muerte frente a mí
mientras le hago el amor.

Te bajé la falda y vi entero París, lo recuerdo muy bien,

y bajar tus medias y besar tus muslos
era lo mismo que el aroma tratado con la calefacción
que ahora sale del interior de las perfumerías y creperías
en mis fríos y muertos paseos invernales.

Y aquí me detengo, a tantas vidas ya
de entrar en tu vida. Pero no deseando nada más,
nada más que no sea dejar abierto

este poema.









Blog del autor: Demasiado joven para el blues
www.abelsantospoesia.blogspot.com