viernes, 9 de mayo de 2014

La séptima noche. Alina Reyes.

- Jan Saudek -

Tuve un sueño, un sueño en que me reía, me reía tanto que me desperté gimiendo. 

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El amor que mueve el sol y las demás estrellas, es decir, aquello de donde brota el pensamiento poético, que te hace tutear a la luz y gozar sin descanso, ese amor te vuelve loco, y loco de amor has de trenzar palabras en columpio, en columpio, en columpio,... No quiero decir para masturbarte como se masturba uno el sexo, y aún así para masturbarte, sí, para masturbarte el vacío. 

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Había el día de la quinta noche, si es que llega el día antes que la noche. Eso es lo que nos creemos cuando nos despertamos cuando nos levantamos y nos disponemos a llenar el día, pero en realidad primero es la noche, si no, no habría aurora.

Soplaba el viento al caer el crepúsculo, lo recuerdo. A veces, incluso se borra la imagen de Aquel a quién amo, ¿no es extraño? En cambio, el recuerdo del viento no se va. Otras veces, nos preguntamos a quien amamos en tal o cual persona. Tal vez a nadie, a nadie salvo el viento que sopla en ella...

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Lo grotesco de los sexos y del delirio se enreda en el deseo, delirio moral, deseo del bien o del mal, de pureza o de impureza, mientras que los sentidos quieren una sensación nerviosa y espiritual, su límite de riesgo, un encuentro amoroso y estético, su límite de fuga en el coito,...

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Toda mujer es un hombre que lleva dentro una mujer, una mujer que la pone caliente y no sabe si debe ocultarla o entregarla al primero que llegue...


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